CUANDO EL ORGULLO DIVIDE Y DIOS REDIRIGE
Génesis 11
𝕍𝙚𝓇𝘀𝕚́𝘤𝓊𝕝𝑜 𝑐𝕖𝕟𝓉𝘳𝕒𝘭: “Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció Jehová sobre la faz de toda la tierra.” (Gn 11:9)
La historia de la Torre de Babel es un testimonio del orgullo humano en abierta rebelión contra Dios. Los descendientes de Noé, olvidando el juicio reciente del diluvio, decidieron construir una ciudad y una torre para “hacerse un nombre” (Gn 11:4), desobedeciendo la orden divina de llenar la tierra. Esta actitud representa el deseo humano de alcanzar la gloria y la seguridad aparte de Dios, confiando en sus propias obras en lugar de la providencia divina.
Dios, en su infinita sabiduría, intervino para preservar a la humanidad de su autodestrucción. Confundiendo su lenguaje, dispersó a las naciones sobre la faz de la tierra. La confusión de lenguas fue tanto un juicio como una misericordia: un juicio sobre su arrogancia, pero también una protección para evitar males mayores que podrían haber surgido de la unidad en la rebelión.
Génesis 11 nos recuerda que los planes humanos, cuando se apartan de la voluntad divina, están destinados al fracaso. La verdadera unidad y progreso no se logran en la autosuficiencia, sino en la dependencia humilde de Dios. La torre de Babel se convierte así en un símbolo de todos los esfuerzos humanos por alcanzar el cielo por medios propios, contrastando poderosamente con la gracia y el camino provisto por Dios.
𝙏𝙧𝙚𝙨 𝙥𝙪𝙣𝙩𝙤𝙨 𝙘𝙡𝙖𝙫𝙚𝙨 de Génesis 11

1.-La Rebelión del Hombre: El proyecto de Babel muestra cómo el orgullo y la autosuficiencia conducen a desobedecer el mandato divino de llenar y multiplicarse sobre la tierra (Gén. 9:1; 11:4).
2.-La Intervención de Dios: Dios frustra los planes humanos no para destruir, sino para salvar, impidiendo la consolidación del pecado a gran escala.
3.-El Origen de las Naciones y las Lenguas: La diversidad de idiomas y culturas tiene su raíz en este evento, cumpliendo, aunque a la fuerza, el propósito de dispersión divina.
𝗔𝗽𝗹𝗶𝗰𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒍𝒂 𝒗𝒊𝒅𝒂 𝒄𝒐𝒕𝒊𝒅𝒊𝒂𝒏𝒂.
_->Reconocer nuestra dependencia de Dios: Todo proyecto o sueño debe ser sometido a Su voluntad, evitando confiar exclusivamente en nuestras propias capacidades.
_->Cultivar la humildad: El orgullo precede a la caída; la verdadera grandeza se alcanza reconociendo nuestra pequeñez ante Dios.
_->Fomentar la unidad en Cristo: La verdadera unidad entre los seres humanos solo es posible cuando está basada en los principios divinos, no en objetivos egoístas.
𝐂𝐨𝐧𝐬𝐞𝐣𝐨 𝐢𝐧𝐬𝐩𝐢𝐫𝐚𝐝𝐨 𝐝𝐞 𝐄𝐆𝐖 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞 Génesis 11
“Dios no destruyó a los constructores de Babel. Detuvo su obra y disipó sus planes, apartándolos del propósito de su corazón, y su castigo fue una bendición para el mundo. El propósito divino era que los hombres se dispersaran por toda la tierra, y ese propósito se cumplió por medio de su propia rebelión.”
(Patriarcas y Profetas, p. 108)

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